viernes, 22 de junio de 2012

Era la última noche de los tiempos y diluviaba en una casa infinita de campo.

Nos enamoramos  al sentirnos iguales, con las horas contadas detuvimos el tiempo y nos sedujimos con la delicadeza de una primera cita que resultaría a la vez la última.

La escalera de caracol va a dar a una hoguera con almohadones, el lecho nicho y un tocadiscos que gira lento como el planeta a punto de apagarse, nos mece para siempre.

http://www.youtube.com/watch?v=d1Wji4tQXMM&feature=youtube_gdata_player

martes, 7 de febrero de 2012

Recuerda cada día

sietedefebrerodedosmildoce.


Mirar las nubes 
Cantar una canción
Desearte un día feliz
"Ser silvestre"
Sentirte, basta con masajear tu propia cara con tus propias manos un momento
Pensar en algo divertido
Imaginar a los que tienes lejos y dedicarles un sonrisa
Respirar profundo y conscientemente
Confiar en ti y en la vida sin descanso
Comer rico 
Reconocerte animal
Reconocerte alma


Sentirte parte de los demás, y a los demás parte de ti
Que flotas en el universo, girando en esta bola cada segundo


Dar las gracias
Jugar con el espejo
Compartir ideas con amigos
Pedir lo que quieres
Ver la cara positiva del problema
Hacer ruiditos y jugar con la voz
Mover tu cuerpo
Mover tu mente
Pasar del plan a la acción
No pensar en la vida, vivir
Cada día, cada día
Saber que duermes bajo las estrellas
Notar los cambios de luz del sol
Comunicarte con algún animal que te cruces
saber que somos tierra y agua
Escuchar



sábado, 21 de enero de 2012

TOKIO LIGHTS

UN RELATO INSPIRADO EN UN CÓMIC CON LAS VIÑETAS EN BLANCO. 
EJERCICIO DE TALLER FUENTETAJA. 
veintinuevedenoviembrededosmildiez.

TOKIO LIGHTS

Rompe el cielo plomo y congestionado que espera la temporada de monzones, el crepitar de los cables eléctricos que surcan la ciudad en un mapa aéreo de encrucijadas.

Los cables alimentan desde el patio interior cada una de las habitaciones de este hotel del amor, uno de los más viejos del barrio del deseo de Tokio. Gimen gastados por el tiempo y como una radio antigua mal sintonizada se mezclan con el sonido de los muelles viejos de los colchones mientras inspiran y expiran, testigos del ritmo de la pasión, de la lucha, del hambre de los cuerpos.

Los golpes de luz, suministran de una manera intermitente algo de claridad a cada historia, lo que hace que si las escenas de cama se grabaran, luego se verían como fragmentos de cine antiguo, fotograma que salta sobre el siguiente, formando una melodía de disparos del encuentro, que resume los mejores momentos y posturas en una escucha rápida.

Cada noche, gracias al efecto que causa la falta de suministro continuo de riego eléctrico, las letras blancas que dan nombre al establecimiento, se ven sólo por momentos, imitando por casualidad el efecto de los modernos neones intermitentes de los nuevos hoteles del vecindario que sin embargo, no ofrecen novedad ni en sus servicios ni en las reglas del juego.

Entre la humedad y el olor a tabaco barato, Aimi se mueve ágil bajo las sábanas cada tarde que frecuenta el hotel; es asidua desde que llegó de su pueblo para ingresar en la universidad.

-Sé que te ha gustado, nadie lo tiene como yo-

-Voy a mear. Hoy ha sido…-

-Estoy que devoro, y el comedor de la residencia cierra en menos de una hora, hoy también te toca pagar a ti, ya nos cruzaremos por ahí: Y no te olvides tus pinceles, que pareces Hokusai-

Aimi se viste contrariada y siente la necesidad de escapar. De nuevo con el chico tímido entre las piernas ha viajado lejos y se ha reconocido distinta, un abismo por delante que le inquieta. 

El barrio antiguo, lleno de tiendas de ropa, de música, de olores familiares a comida casera,  le ayuda a enfriarse, a volver a controlar la situación, a sentirse anónima, juguetona y en el centro del planeta. El olvidar lo que acaba de sentir, supone un momento de alivio, de luz, aunque sea artificial, pero de luz.

Aimi es solitaria pero sonríe con esos ojos que parece que miran el infinito a través de una chimenea encendida a sus compañeros de clase, al camarero que le sirve la comida, al portero de la residencia. Y en cuanto se le presenta la ocasión, no duda en proponerles un paseo por el barrio antiguo. Casi ninguno se atreve a rechazar la golosa oferta viscosa y naif que Aimi regala generosa a sus amantes variopintos de los que casi nunca recuerda el nombre.

Mitsuo se viste despacio con los dedos de los pies congelados y deseando salir de allí y convertir la sordidez de lo vivido, en recuerdo aderezado con una de sus canciones favoritas que escucha en su iPod mientras pedalea rumbo a casa. Cuando  Mitsuo se cruza con Aimi por los pasillos de la facultad se mete las manos en los bolsillos para ocultar el temblor y los sudores fríos que le produce casi al instante. Cada noche antes de apagar la luz, Mitsuo se asegura de que su madre se haya tomado la medicación, le besa en la frente casi inerte y escribe con tinta negra siete veces el nombre de la chica con el coño más dulce de la universidad, deseando que desaparezcan el resto de machos con los que lo comparte.

Semanas después Mitsuo sigue sin ganas de volver a las clases, sin más compañía que su iPod que literalmente utiliza para no escuchar el sonido del mundo. Pasa los días sentado en las escaleras del portal de su casa, fumando y sin pensar en nada más que en el momento en el que los operarios de la funeraria sacaban el féretro por la puerta ese día de lluvia. No hubo ceremonias, ni familia que sintiera la pérdida, tan sólo, un montón de colillas que crecía junto a la puerta de la casa, y su figura enchufada a la vida de su lista de reproducción. Siempre en el dintel como único decorado real testigo de la última imagen que tuvo de su madre.

Entonces sonó esa canción, la que escuchó la última vez que había hecho el amor con Aimi en aquel hotel del amor con luz intermitente. Aquella en que le intentó decir que esa vez había sido diferente a todas y aquella en que ella no le dejó terminar la frase y se esfumó. Movido por el recuerdo y la canción, subió la escalera de dos en dos peldaños y cogió una vieja carpeta azul repleta de cartulinas, se montó en la bici y sus zapatillas de andar por casa pedalearon certeras hasta la residencia donde creía que vivía Aimi.

-No está en este momento, suele llegar a la hora de la cena-

-¿Le puede dar esta carpeta, por favor?, es importante-

Garabateó nervioso su nombre y una frase corta en la contraportada y mucho más lentamente y con una precisión sorprendente el de ella en la tapa. Salió mirando al suelo para que nadie le viera. En  ese momento se dio cuenta de que llevaba puestas sus zapatillas de felpa y quiso morirse allí mismo.

Aimi sube disimulando su borrachera con la carpeta entre los abrazos, como si le sirviera de apoyo. Se quita cada zapato con el pie contrario, sin usar las manos, que están ocupadas abriendo la carpeta. Esta vez son sus ojos los que se humedecen, pone la radio y comienza a colgar con chinchetas de metal oxidado cada una de las cartulinas con los siete nombres de tinta. Cuando acaba de rellenar las paredes que enmarcan su cama, se tumba y se queda pensativa en Mitsuo mientras fuma lentamente, hasta quedarse dormida.

La noche transcurre con la luz encendida y con pesadillas de la infancia: Aimi está en casa con mamá y aparece su padre que grita y pega a ambas, ella cae al suelo y lo único que ve a través de la puerta entreabierta es su bicicleta. Sueña con huir a la gran ciudad, conocer a chicos y hacerse un tatuaje. Ya montada en la bici, toma una cuesta abajo tan rápido que vuela hasta acabar en la cama áspera del hotel del amor, donde es atacada por una legión de penes erectos, unos húmedos, otros enfermos, como necrosados, tiene tantas ganas de vomitar que se despierta de repente. 


La armoniosa repetición de su nombre en tinta china le abraza y se siente tan cómoda que se levanta de un salto, besa la carpeta, se viste y sale de la habitación de un portazo, que hace que algunas cartulinas vuelen por el cuarto vacío.

Entre conjuntos de lencería que imitan seda, jaulas con pequeñas mascotas, cientos de artilugios eróticos y un olor a laca de uñas barata y a peluquería de barrio muy denso,  el maestro Chiyo le explica a Aimi el procedimiento por el cual conocerá su futuro con la lectura de su cuerpo desnudo y el nivel de acidez de su flujo vaginal. Aimi, se lo toma como un ritual ancestral y se deja fotografiar y tomar muestras. 

Sabe que es la última vez que jugará con su cuerpo fuera del alcance de los ojos de Mitsuo, el nombre que quedaría grabado para siempre en su hombro tras aquella visita al barrio del placer, el día que se fue la luz.            

ÚRSULA

TEXTO ESCRITO COMO EJERCICIO EN TALLER FUENTETAJA. 
Inspirado en una fotografía de una chica actual.
febrerodedosmildiez.


ÚRSULA

Úrsula se gestó en una placenta color lila. Su madre de ojos grandes, era nieta de un marinero noruego que, enamorado del sol mediterráneo y de Picasso, acabó viviendo en Málaga y casándose con la hija del dueño de la tasca más cercana a la lonja.

Los ojos grandes de la madre de Úrsula, miraban con admiración su minúsculo vientre que crecía lenta e imperceptiblemente durante los 7 meses que duró el primer y único embarazo que tendría. Fue un invierno volátil y cuadrado. Así lo pudo guardar sin problemas en su armario, entre las cajas de zapatos y fotografías. Un invierno gélido como ninguno, de olas bravas como cuchillas, y de olor afilado del que fue su único alimento aquellos meses, el pescado que ese mar torbellino y el negocio familiar ofrecía. Pensó que su hijo nacería con branquias y con la piel plata. Estuvo tranquila, hambrienta y muy sola esos meses metálicos de mitones sobre manos de madre que espera en un silencio roto por violines desafinados que se tensan y los maullidos de los gatos, que esperan impacientes las raspas cada día como equilibristas en el alfeizar de la ventana.

Úrsula llegó sin avisar una noche sin luna y de nieve fina que lo cubre todo para protegerlo de la maldad oscura. Nació en la costa del sol en pura noche, a orillas del Mediterráneo con cara de insecto. Úrsula era dos ojos esculpidos en altorelieve que casi no pestañeaban, la cara morada por el cordón umbilical enredado alrededor de su fino cuello, como una boa de actriz glamurosa, era larga, casi plana, de largas y estrechísimas extremidades, minúscula, silenciosa y tocada por dos mechones pelirrojos de pelo muy suave y un halo mágico que hipnotizaba.


Úrsula fue una niña solitaria en el colegio. Devoraba manzanas verdes y libros en el recreo sentada en los escalones de la puerta del fondo, con los pies para adentro y su bufanda de lana morada, a juego con sus ojeras, enredada en su cuello. Era de lo poco que comía durante el día, pues decía no tener apetito hasta que caía la noche. Era entonces cuando comía con desgana cuencos de ensalada, nueces y algo de pescado cuando su madre insistía mucho.
De adolescente vivía ensimismada bajo su flequillo y las clases de violín. Aprobaba sin problemas y fue cuando decidió rotundamente hacerse vegetariana. Cada noche, tras su cena vegetal, observaba a los gatos del alfeizar degustar los suculentos lenguados a la plancha que deberían haber sido el segundo plato de la cena de Úrsula, la única raspa que ahora salía a la ventana a fumar con sus dedos infinitos cada noche. Le gustaba sentir el frío en su cara, jugar con el humo del cigarro y pensar en icebergs. Pasaba las noches leyendo y revelando fotografía en el trastero.

Su apetito despertó una noche de verano y sintió la necesidad de ingerir helado para derretir el calor que la oprimía. Se deslizó de la cama y en bicicleta llegó a la gasolinera más cercana. Allí, comiendo helado sentada en la acera, descalza y en camisón, también despertó su instinto sexual al ver al gasolinero trabajando bajo las luces de neón. Volvió a casa pedaleando presa de una respiración entrecortada y rápida que no entendía muy bien.

Subió a su cuarto, se dejó caer sobre la cama de sábanas blancas, se desnudó y con los dedos todavía pringosos de helado de mora, se masturbó por primera vez. Sus patas largas y finas rechinaban con el bote acompasado del colchón, el camisón arrugado bajo su pedo simulaba una especie de alas, sus ojos como dos enormes manzanas verdes parecían salirse de las órbitas, el gasolinero estaba en su mente de manera obsesiva, tenía ganas de gritar, parecía poder olerle, podía viajar por las páginas de sus novelas favoritas, sus manos de violinista se dejaban llevar entre su vello y la viscosidad de su entrepierna pelirroja, sintió tanta sensación de hambre que se odió en un instante por su vida inapetente, a punto de llegar al climax, se imaginó estrangulando al gasolinero y esto le proporcionó tal placer que mientras alcanzaba su primer orgasmo consciente y activo, sació su hambre imaginando cómo devoraba a su víctima sin dejar rastro de él.

Esa noche, durmió profundo y largo. 
La nueva Úrsula había nacido, al día siguiente volvería a la gasolinera en el turno de noche y volvería a comer helado.

miércoles, 11 de enero de 2012

PESADILLA


Sentí la necesidad de escribirte en aquel momento. El hotel se me hacía cada vez más desconocido y hostil.

Todavía con la misma borrachera de la certeza que en el sueño, pero ya despierta.

Mi vida se derrumbó, se rompía del todo por dos pares de pupilas unidas por dos cuerdas de equilibrista, un par de mangos y el rosado de nuestros labios vírgenes, como quien mira un escaparate con la certeza de que esa prenda tiene su nombre.

No lo hice.

Ni dejarme llevar en el mundo de humo, ni escribirte al despertar.
Supliqué a la razón que me salvara.

domingo, 8 de enero de 2012

DESPERTAR

domingoochodelunodedosmildoce.nueveyoncedelamañana.

Mis ojos son dos planetas recubiertos de una atmósfera legañosa. Se resienten, pero no pueden dejar de devorar con curiosidad cada mota de vida.

Los primeros rayos de sol manchan las casitas de enfrente, las ha pintado un niño con babi almidonado y cuello blanco redondito asomando. Son cinco bloques verticales con el tejado a dos aguas, veo los laterales del edificio, la típica silueta de casita de primeros dibujos de colegio, sin ventanas, ni puerta y de tantos pisos de altura que se saldrían de la cuartilla. Son casas-cohetes que como cinco soldados están erguidas cada mañana. La primera de ellas, es de ladrillo visto, las dos siguientes hacia la derecha totalmente pintadas de blanco, probablemente, hace poco; la cuarta es gris, de cemento, la más aburrida, y la quinta comparte vecinos pudientes con vecinos más dejados, de manera que no es una casa de raza, sino mitad blanca y mitad gris hormigón con una frontera vertical infinitamente bien trazada que divide las dos comunidades, los dos mundos, una vida gris, de una vida blanca.
Me he vuelto a pasar en el tiempo en que la bolsita de té bucea en las profundidades del pozo de mi taza, por lo que hoy el té será más amargo de lo que me hubiera gustado, pero todavía mantengo la total energía y alegría de vivir que cada mañana invade mi cuerpo, mi alma y mi pelo.
Henos aquí entonces, mis legañas, mi té amargo, mis cinco casitas sacadas de una cuartilla preescolar, el sol que da sus primeros pasos y mi pelo revuelto. El día.

Me separan de las cinco casitas del exterior la pantalla, el estor blanco y unas hiedras que luchan por sobrevivir en la ciudad enraizadas en una triste maceta que han teñido su verde en rojizo como primer síntoma de indignación, pero las amo y espero que sea recíproco algún día. 
Mis raíces nacen de mi ombligo, la marca de la chincheta de Dios, me atraviesan y a modo de un tronco robusto me unen con el mismo centro de La Tierra, que aunque dicen que es fuego, yo sé que hay un taller que cuece plastilina celestial color carne con la que se nos modela cuando está madura y llega nuestro momento.

Ese horno es el centro justo de la canica gigante en la que vivimos, y que por arte de un milagro ancestral gira mágicamente suspendida en El Todo cada año, cada mes, cada día, cada noche, cada hora, cada minuto, cada beso, cada pedo, cada parto, cada lágrima, cada caer de una hoja, cada arcada, cada segundo, cada suspiro.

Cada mañana, abrir los ojos con mi alma todavía hilvanándoseme al cuerpo con puntadas muy lentas y mirar por la ventana las cinco casitas, la luna sobre el celeste que se descubre tras las cortinas y sintiéndome dueña de lo que me espera hasta volver a flotar con los ojos cerrados, me excita intensamente y me destiñe de ganas de pintar, cantar, tocar, cuidar, cocinar, sonreír a los desconocidos, escribir, pensar. Siento debajo de la marca de la chincheta que parte mi cuerpo, el tronco que me ata al origen y me ancla a la certeza de que todo va a salir bien, siento la protección de El Todo en el que gira la canica y simplemente se me abren muchos los ojos de dentro ante tal equilibrio y abrazo cósmico universal. Gracias. Empieza la acción.

sábado, 19 de noviembre de 2011

CON LA CERTEZA DE SENTIRME UNA MUJER DELICIOSAMENTE GILIPOLLAS
Me concedo un paseo por Zara Home, escuchando villancicos americanos emocionada, soñando con una casa ideal llena de niños y detalles. Quiero comprar varias piezas, quiero que se pare el tiempo, que siempre sea navidad, tener la sensación de estar tapada con un edredón estampado y primoroso que  huela a limpio cada mañana, y que cuelguen toallas nuevas en el baño. Quiero bajar luego a la planta de abajo y comprarme unos cuantos jerseys, unas botas nuevas y un par de camisas para ir bien guapa. Un bolso bueno para pasear. El tiempo pasa, mi ocio hogareño se convierte en el aburrimiento de mi acompañante, que mientras me decanto por rayas o estampado liberty, lee el marca en su móvil de última generación con la sensación de que está perdiendo su sábado.
Nosotras. Ellos

domingo, 9 de octubre de 2011

APARICIÓN DEL PASADO EN BORRADOR




Esteta diaria, filontropía doméstica

HUEVO Y CEBOLLAS (a Manu)


En la sartén pequeña pocho la cebolla
En la sartén grande hago las patatas
Los huevos esperan en la nevera

Todos menos uno:

El que se alimenta de minutos y gira como un planeta suspendido en el universo de mi vida doméstica

El que los que conocen el dolor y placer de las palabras, me animan a que accione, por lo menos, 10 minutos al día y dedique esa cuenta atrás al terreno libre de mi intuición y vómito de teclas de máquina de escribir antigua de dentro a fuera

Las patatas son el día a día, lo práctico, las obligaciones, la responsabilidad manejada como obstáculo y están en la sartén grande, ¿con cierto protagonismo?

La cebolla es lo que se pocha, la creatividad que se pocha,  lo que se guarda dentro de muchas capas protectoras, lo que da el sabor real a la tortilla de la vida, puntiaguda al principio, pero transparente y dulce al final, la que arranca las emociones, la que aflora la sal de las entrañas, pero se pocha.

Quiero cebollas que floten en una galaxia íntima y se dispongan según el orden que dictan esas gotitas de demiurga que me habitan, creatividadcebolla, sal a jugar al papel, ¡no te poches dentro!





















miércoles, 17 de noviembre de 2010

CARACOL RIMA CON ESCRITOL


Cuando llueve uno se recoge por dentro. Somos organismos vivos y sin sol uno se pocha. No es tristeza literalmente, pero es un nosequé muy parecido a la tristeza, una tristeza muy literaria. Algo se detiene, el ritmo baja y comienzas a escuchar el goteo de tu desván cerebro. Temes resbalar con el charco del sótano. Viejas canciones nos mecen, y el alma pesa y se engorda, es más fácil que se roce con el abrigo, con la mesa del ordenador, con el que tienes al lado. A la altura del estómago se vuelve peluda y ansía un almohadón que la asfixie y la devuelva a su sitio. La lluvia nos hace deslizarnos por las líneas de la caracola concéntrica hasta nuestro epicentro de deseos, frustraciones, cosas por hacer, debilidades, ganas de materializar. Compraría un billete al pasado en un viaje exprés: a quedarme dormida en el regazo del abuelo con ese reloj de fondo, volvería a la época en la que pararse y dejarse vivir por un par de horas no era pecado, a tener mayores que gestionan la logística. Una sobremesa sobre sillón donde hablar tumbadas y bebiendo té entre mantas en la isla. La lluvia nos comparte, nos estruja, nos hace iguales, nos ayuda a parar, pensar, prensar, personalizar, perforar, pernoctar. Paraguas para todos. Respiremos la lluvia.

domingo, 10 de octubre de 2010

EL FATÍDICO VIRUS DE LA DOBLE TILDE

Ddoommiinnggoo:: 
El otoño se va colando por cada ventana abierta, por casa boca que bosteza, por cada ojal sin botón, por los ombligos que pierden el moreno y los objetivos de los turistas. Tímido pero certero llega para quedarse. Tras un final de chicle lleno de sabor y sueños, el vendaval bofetada nos ha golpeado. Un portazo sin avisar que cambia de etapa y nos sitúa ante nuevas sensaciones, escenario, necesidades, deseos. El edredón abraza más fuerte, los paraguas danzan por las calles, la sopa de fideos hierve en la cocina, la lana promete ser nuestra segunda piel, los viajes recientes pasan a la caja de recuerdos. El virus del cambio, el virus de echar una llave y encontrar la nueva, el virus de la doble tilde, el virus de la bombilla que acompaña, el virus de la lágrima fácil, el virus de las arenas movedizas, el virus de las duchas calientes y los ibuprofenos, el virus de las botas de cuero y las bailarinas en el mismo paso de cebra, el virus de los despertadores y las zapatillas mullidas. Fall. Pero fall down. El otoño nos llora, nos queja, nos recoge, nos coge, nos despista, nos empuja, nos describe, nos etiqueta, nos baila, nos nosequea, nos jode, nos sonríe, nos confía una nueva hoja seca en blanco para escribir con una o con dos tildes lo que nos traiga.


miércoles, 6 de octubre de 2010

CON OJERAS, SIN VERGÜENZA, CON ALETAS


Calentamiento o handing:
Con ojeras, sin vergüenza, con cuerpo de otoño y calcetines de lana febriles. Con ganas de tocar el piano por tantos días de lluvia, de cocinar rico con luz baja y jazz, con recuerdos saltarines que piden la vez para saltar de la cabeza a la cazuela, con maletas inminentes. Como un caracol sobre el que describen círculos concéntricos cada vez más cómodos y estables. Metida en mi cubículo conectada por el cable umbilical a ahí fuera. Viendo el sol desde el cuarto piso sin ascensor y teniendo que mirar para arriba y de puntillas por el patio. Bajo las almohadas varios pijamas esperando la noche apropiada, las mariposas se posaron e ivernan junto a mi, el horno huele a romero y julieta, el vino tiñe la timidez sobria, las manos quieren amasar barro, los calendarios cambian sus oquedades, la ciudad respira nueva y expectante con un diafragma liberado por práctica miofascial. Merienda de ciruelas, me acuesto con escritores muertos sin conseguir conquistarles más que tres palabras antes del viaje. Desempolvando emociones que me acercan al Centro, a mi, el pez descubre el agua y estrena aletas nuevas de calma y poder. Cae la noche. Huelo a sushi.

viernes, 11 de septiembre de 2009

LLUEVE EN ESDRÚJULA


escritodíasatrás
Dentro de la camiseta de rayas Saint- Tro-pez suenan ecos de intriga oscura
Dudas sobre si coger el tren y partir a tierras de otro idioma
dudas sobre si el cariño me acabará estrangulando o seré capaz de nadar con él
Necesidad de medidores de harina, para controlar la ración adecuada de cabeza y de pasión, si no el bizcocho sale poco esponjoso y quemado, y bueno, lo tiras y ya, pero el olorcito a corazón socarrat que queda en casa y sale del horno en forma de fantasma negro........tarda más en desaparecer del todo, y es más molesto
nivel de planchado 3: estire y empuje, como en un masaje chino, las arrugas de su mente quedarán como nuevas, extra topping de expresión.
Rocío Jurado suena por el patio como un pulmón amplificador cúbico natural, como sólo las reinas se merecen. Canta, Rocío, canta fuerte, desde ese pecho almohada que amó hasta desgarrarse, y seca mi ropa desteñida con esas melodías de ayer, de hoy y de siempre. Canta, luchadora de sumo de la canción ligera. ¡Qué contradicción!
Cuando dejas de escuchar la música de siempre, empiezas a dejar de ser tú, y luego, encuentras uno de esos clásicos de labanda sonora de tu vida y te sientes como en casa, a salvo.
Demos paso a una letra de chançon domestic:
Getting fond of you
the forest on your chest just hits me softly
your teeth brush tells me good morning near the mirror
new phone number dances in my mind
cooking with your new spotify link
come fall, come now

disfruten del fin de semana. vivan los novios! y los nonovios!

jueves, 3 de septiembre de 2009

LA ROPA DESTEÑIDA SIGUE TENDIDA

jueves.tresdeseptiembrededosmiltres.unaycuarentaysietedelamañana

La ropa desteñida sigue tendida
Me he vuelto a topar con el camión de la basura
Si alguna vez tengo un perro, será de esos de arrugas en el cuello, y le llamaré Helsingor
Cuando se apagan las luces de la sala de cine, empiezo a respirar con dificultad. Ansiedad (de tenerte en mis brazos?)
Sigue habiendo garbanzos abandonados en el proceso selectivo del aperitivo. Panchitos 3- Garbanzos 0. Hay algo más triste que ser plantado, regado, madurado, recolectado, tostado, empaquetado, vendido, servido para ir a la basura?
Tengo que sacarme los billetes de tren y solucionar el modelito que irá en la maleta para el felíz enlace levantino
Sigue sonando Cat Power, me ha cogido por dentro
Cuánto de grande será la panza que alberga al futuro Samuel
Si cenas vegetariano, te leen el tarot
La sincronía duerme la siesta
En Santiago de Chile hace frío, lo descubro en camisón blanco
La nevera empieza a cobrar vida
Me queda tan sólo una servilleta negra y suave
El 4 llega Martita. Estará sólo de paso
Pasos: hacia dónde vamos?
La madrugada cual enredadera enredadora salvaje me posee con una fuerza animal que quiere salir
Cada vez que le veo, me da un vuelco el estómago, año tras año
El regalíz negro sueco es el más sabroso
Me enredo en las redes sociales
Necesito un splitter: sólo para el ampli?
El tiempo que dedicas a ti mismo, será inversamente proporcional al que dedicarás a tu futura familia?
Somos borradores de lo que queremos ser: vivan los garabatos
Un cuarto de melón espera la sonrisa sedienta
Ganas de volar lejos para encontrar un folio en blanco, no como huida, sino como encuentro
Lo valiente sería sacar la brocha aquíN mismo
Lost Someone suena como una lenta en el centro de la pista de mi noche
En San Telmo hay sabrosas cucharas de palo
Un extraño me recomienda el Feng-Sui
El corazón del portatil arde. De pasión?
Las agujetas se agarran a mi cuerpo, y mañana crecerán: plié, tabla, plié
¿Tu interés sigue intacto?
Cuadros de Freud en mi espejo
La caja de objetos inservibles pero intirables sigue observando todo
Una ilusión: ¿la cambiamos por otra?

martes, 1 de septiembre de 2009

LE PENSABA DESDE EL TRÁNSITO

martes.unodeseptiembrededosmilnueve.unaydieciseisdelasmañana.
(escrito el jueves.veintisietedeagostodedosmilnueve.nueveymedia)

Su amante le alimentaba con canciones escogidas con pinzas de plata. Como nutren a un pajarillo con cariño, le seducía con lombrices-melodías, versos de rima de mensaje encriptado, estímulos directos al sentir de la oyente que deglutía con sumo interés en busca de información sobre la personalidad del cuerpo deseado. Una gramola de selección personalizada que salpicaba buen gusto, le hacía girar en el gramófono de asfalto bailando lentas y cantar miel al compás de sus pasos urbanitas. Compases de amor y ritmos eternos entre acertijos, acordes de acústica recién afinada y pistas que ansían tocarse, chuparse y en fin, un encuentro de trigoviento. Nuevos paisajes y latitudes, para nuevos descubrimientos personales. Y en el siguiente compás, bruma miedosa que se despeja ante la naturalidad del solconfianza bemol, dejándose llevar en clave de fa. Verano lento y sólido muestra su hombro al aire de lluvia septiembre que amenaza fresco con soplidos de ganas.

Y entre el maíz que crece turgente, le relee. Y sus palabras como frutos silvestres de una mente, no sabemos, si tocada por una flecha alada y pueril, o sosegada por la racional espera, rozan sus labios, su pecho, su estómago con la pulposidad de una ciruela desnuda sin piel. Seductora, brillante y que gotea los cascabeles del insultante y descarado almíbar de Eva.

martes, 18 de agosto de 2009

CUATRO CIFRAS: pensamientos que salen de cajas de mudanza y objetos blancos

martes.dieciochodeagostodedosmilnueve.dieciochoycuarentaynueve.madrid
Nací un dieciocho del nueve de milnovecientosochenta, un año que supone una combinación perfecta de las cifras del día y del mes de mi nacimiento. Así, mi fecha de nacimiento es como un juego de lotería combinando tan sólo cuatro cifras. Además, nueve (septiembre) y nueve (septiembre) son dieciocho (el día de mi cumple). Y, siguiendo con el día, dieciocho: uno más ocho son nueve.

Desde hace unos meses, cuando mi vida tomo un rumbo nuevo por la coincidencia en el tiempo y en el espacio de varias circunstancias, pues cambio llama a cambio; empecé a prestarle involuntaria pero muy atentamente atención al lenguaje de los números que me rodeaban en mi día a día. Como un rabino, o una supersticiosa por azar, o más bien como un observador con gafas de culo de vaso que se fija mucho mucho, empecé a darme cuenta de que estas dos cifras me rodeaban casi a propósito, como por arte de magia, una danza de dieciochos y nueves que me acompañaban en la ventanilla del INEM, el asiento de mi avión, la hora del ticket del taxi, el precio de la compra, los honorarios del gurú hindú, el número de vagón, mi nuevo número de fijo, del móvil, las noches especiales 18, el portal de mi amiga María...Empecé a notar que esos números me protegían, que me proporcionaban señales de ir por el buen camino, eran mi origen y las miguitas de mi nuevo camino hacia algo mejor.

Comencé este blog un mes nueve del año pasado, y lo retomo un 18 de este mes 8, de un año que acaba en 9….De nuevo mis andanzas cotidianas, para quien las quiera leer, como asomándose por una ventanita con ropa tendida que huele a suavizante rico casi un año después…..

De nuevo, absolutamente principiante como canta M. Ward en el concierto privado que tengo en casa. Él susurra desde el portátil blanco y ella, la lavadora, también blanca, centrifuga a 1000 revoluciones y le aporta cuerpo a la canción.
Hace calor, mucho calor. Soy principiante en montar una casa nueva desde cero....jugando a la geometría......buscando el lugar correcto para que cada objeto, cada mueble reciclado de un triste basurero respire tranquilo y se sienta feliz con su nuevo apellido Vintage, hasta conseguir el equilibrio espacial (en absoluto mi fuerte) hasta que cuadre y algo por dentro haga click.

El calor me afecta hasta el punto de caer en un letargo siesta de sueños dulces y a ritmo de película muda, donde cócteles y besos combinan perfectamente. Me afecta hasta el punto de despertar y desesperar por sentir que estoy perdiendo el tiempo de manera absurda. Entonces decido bajar a la calle en busca de algunos productos absolutamente innecesarios, pero que aportan cierto toque personal a la, por fin, recién estrenada nevera, también blanca, por supuesto: salsa de soja Heinz, baked beans Heinz y wasabi...El calor exterior me afecta también, me afecta tanto que subo de la compra al torreón y empiezo a ver manchas en las paredes blancas, y cojo la goma milán blanca y empiezo a rozar las paredes con esmero y poseída por la diosa Neutrex.......

El calor nos excita, nos hace sudar y darle vueltas a la cabeza......en vez de dejarme muerta, me entra un ataque de hiperactividad y unas ganas enormes de tomarme un gin tonic....Así que decido hacer ordenanzas a ritmo de copa en vaso de ikea y conecto el portátil blanco a la tele negra (haberla comprado blanca ya hubiese sido un canto hortera en do mayor, al que, afortunadamente, la garganta de mi pepito grillo esteta no llega) con el super cable HDMI que un superhéroe encontró para mí, y darle volumen al señor Ward, por suave, por excéntrico, por ser uno de esos feos que me encantan, por lo que significa, porque se crea mejor con música y un gintonic, qué se lo digan a Agatha Christie.
Abro y cierro etapas como cajas de mudanza, como trenes que van y vienen, como amigos que se despiden y vuelven con mejor cara, un paso atrás, otro adelante, saltito, lío, verlo claro....................y de fondo la calma añil...........

Saludos cordiales

martes, 30 de septiembre de 2008

SONATA DE OTOÑO

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Saboreo una salchicha* recalentada y miles de trozos de lechuga con mucho aceto de Módena mientras huele a ropa limpia en casa. Cena de poco amor propio, por supuesto, con pantalla de portátil y sin mantel incluido. Me ha vuelto a dar la medianoche y no estoy entre almohadones amantes leyendo mi libro con los dientes frescos yerbabuena y las patas de gallo en proceso de hidratación nocturna. Pero por lo visto así son los lunes de otoño. Oigo los contenedores de basura que en la minicalle en la que vivo van vaciando sus tripas en la gran trituradora mientras yo me voy llenando al triturar precisamente mi cena basurilla.

*He de alegar en mi defensa que eran tan sólo 5 trocitos de salchicha. De las ricas, de las buenas, de las de carne de verdaZ.

Tras una etapa tranquila, mis patas –esta vez no me refiero a las de gallo, sino a las auténticas, a las mullidas-, aunque todavía cojas protagonistas de un accidente que desbordaba falta de glamour francés y exceso de whisky escocés, quieren puzzle movimiento de piezas de paseo, de baile, de encontronazos por la ciudad, de pie que sigue el ritmo de mi mp4 rallado. Y el fin de semana, que se había convertido en el momento de descanso y de calma bajo el sol, ahora está a medio camino con nuevas diapositivas de la ciudad por la noche. Cenas de atún rojo, cañas con hermanos que te hacen sentir mayor, reecuentros con personajes luna, copas poperas, brindis con amigos del alma, labios carmín y karaokes. “Y ahí lo lleva, señora”: patas en movimiento y noches de fin de semana nos llevan al mismo sitio, a una noche de lunes de otoño en casa.
No estoy cansada, pero el cuerpo me pica por dentro, es desazón espolvoreada en mil patitas de hormiga que juegan con mi piel…me veo en la obligación de jugar con las palabras para conseguir el tercer capítulo de este juego sin contar nada en particular pero llenar el papel luz blanca de impactos de tinta negra.

*Y en este punto, todo mi respeto a los escritores mientras me tomo dos ciruelas amarillas bien redondas para equilibrar.

Quiero contaros algo, alguna idea personal que me haya rondado últimamente al balcón, y sólo doy con una reflexión estúpida fruto de mis últimas salidas nocturnas: ¿quién hará los videoclips de los karaokes? ¿Por qué cuando cantas Un velero llamado Libertad, aparecen unas esfinges egipcias de fondo? ¿Por qué siempre hay un lisiado? ¿Por qué tu canción no sale nunca si la gorda de la camiseta de leopardo ya se ha cantado todo el repertorio de Camela? ¿Por qué si no te conocen te ponen la versión corta del tema que has elegido? ¿Por qué siempre hay una monja, una embarazada y un médico en las pelis de aviones? ¿Por qué en otoño se componen sonatas? ¿Por qué en otoño? ¿ Se componen sonatas? ¿Por qué?

*Por cierto, me he debido descuidar estos días porque mi albornoz rojo de marquesa ha pasado la noche en la lavadora. Me voy a dormir mientras se seca, a ver si el otoño deja caer por aquí más sonatas.

viernes, 19 de septiembre de 2008

LA VOZ AL OTRO LADO

juevesdieciochodeseptiembrededosmilocho.madrid.veinteyveinte


Me colgaban las patitas rematadas todavía por unas sandalias planas que se despedían del buen tiempo. Estaba sentada en una tapia del centro financiero de la ciudad. Una especie de sentirse en NYC en el norte de Madriz. Me había convertido en un personaje de dentro de la escena al quitarme la gabardina de observadora común de paso por la zona. Los edificios me miraban desde arriba haciéndome sentir pequeña, un saberse minúsculo con corazón urbano que late al ritmo del jazz y canta estar en su sitio.
Hablaba a través de mi nuevo dispositivo que rellenaba al completo la concavidad de mi mano con su superficie suave, creando una nueva palma de piel pantalla que acariciaba mi oreja atenta. Al otro lado, mi abuela. Ese gran ser que por fin ha descubierto que puede volver a disfrutar de la vida como humano individual bípedo. En un ataque de libertad y de verdades de almafenómeno que sólo mi abuela tiene, soltaba con tono de megáfono de esquina de Hyde Park sus conclusiones sobre el amor, la evolución de la mujer y sobre la mismísima vitalidad de la propia vida.
No quería respuestas, no las esperaba. Sólo quería lanzar su visión en forma de voz imparable. Y yo, al otro lado, inmóvil, con la oreja como centrodeoperaciones de mi alma, cerebro, ojos; la escuchaba abstraída del ruido. El mensaje flecha me llenaba de fuerza y me debilitaba retorciéndome al mismo tiempo.
Mis telescopios miopes se dirigían hasta el cielo en su fase atardecer salmón ahumado en fuente de plata y percibían como pequeñas nebulosas redondas las luces a través de cada ventana de las torres torcidas. Bolitas blancas que flotaban formando una pequeña Vía Láctea que sólo yo podía descubrir.
Lágrima. Nebulosa. Trozo de salmón. La voz al otro lado ajena a mi escena concluía: “Cocinar es amar. La vida es puro amor”. LAVIDAesPUROAMOR. PURO. AMOR.

Era mi cumple. Y aquel mensaje, el mejor regalo que mi abuela me entregaba sin saberlo.

jueves, 11 de septiembre de 2008

MODO DE EMPLEO: Aplicar dos veces al día sobre las zonas afectadas

martesnuevedeseptiembrededosmilocho.madrid.catorcetreintayseis

Dios, he caído en la trampa. Empiezo a maquinar el plan a punto de salir de la ducha y enfundarme en mi mullido albornoz rojo que tanta gracia hace a mi amigo José, “pareces una marquesa”, y yo lo veo tan normal……..siempre ahí colgadito ofreciéndome su abrazo y protección, bueno, eso cuando no me descuido y mi compañera se lo lleva de visita cultural a la lavadora, “le tocaba, le tocaba, se defiende”. En el fondo se lo agradezco, pero salir empapada y que tus ojos y tus manos le echen de menos, es sobre todo una disgusto para mis pezones que como torres de defensa se izan cual banderas y esperan una rápida reacción de mi cerebro recién lavado con gel cremoso de leche.
Total, que como decía, he llevado el plan a cabo y, me he sorprendido aplicándome un serum lipo-regulador Anti-cellulite de Vanity Series en un precioso bote dorado sobre mis caderas, muslos y vientre sagrado con una mano, mientras con la otra disfrutaba, con ese ritmo imparable que todos hemos sentido alguna vez, de unas patatas fritas bien grasientas. Qué imagen. Qué contradicción tan doméstica. Qué bueno disfrutar de una de las mejores cosas de la vida en tu boca, mientras además, te sientes bien porque sabes que te estás cuidando antes de llegar a los treinta……
Pensándolo bien es casi una acción de equilibrio perfecto. Ingiero grasa y me adelanto a que ella llegue de viaje de fin de curso a mis caderas y ya estoy dándole un concentrado multiactivo con efecto drenante para que se asuste al llegar y busque un rumbo mejor.

MODO DE EMPLEO: Aplicar dos veces al día sobre las zonas afectadas

Y el caso es, que a principios de septiembre de manera cíclica, aunque con novedades y de forma diferente siempre, tengo varias zonas afectadas: el pelo que echa de menos el sol, el mar y que no lo desenrede; el corazón que no sabe ya quién es quién y no entiende porqué cuando mejor se siente se ve obligado a deshacerse de ese sofá en el que tan cómodo se sentía………..Seguiré prestando atención a mis zonas afectadas y a los posibles serums para decirles, “vamos, zonas afectadas, pa´lante, siempre pa´lante”.

El cielo está gris. Me pondré un vestido para decirle adiós al verano. Todo está tranquilo ahí fuera.